miércoles, 18 de febrero de 2015

Tener hermanos, una experiencia única

Papa Francisco: Tener hermanos es una experiencia impagable e insustituible

Por Alvaro de Juana

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Papa Francisco / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
Papa Francisco / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
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VATICANO, 18 Feb. 15 / 10:17 am (ACI/EWTN Noticias).- “Tener a un hermano, una hermana que te quiere es una experiencia fuerte, impagable, insustituible”, remarcó el Papa Francisco en la mañana del miércoles durante la Audiencia General, quien recordó que los cristianos “van al encuentro de los pobres y débiles no para obedecer un programa ideológico, sino porque la palabra y el ejemplo del Señor nos dice que todos somos hermanos”.
Después de hablar sobre la madre, el padre y los hijos, el Pontífice aprovechó la audiencia pública del miércoles para explicar la importancia que tienen los hermanos en la familia y en la sociedad. “'Hermano' y 'hermana' son palabras que el cristianismo ama mucho” y “gracias a la experiencia familiar, son palabras que todas las cultura y todas las épocas entienden”, afirmó.
Haciendo un repaso en “la historia del pueblo de Dios, que recibe su revelación en la vivencia de la experiencia humana”, subrayó que también “el salmista canta la belleza de la relación fraterna y dice: '¡Qué bueno y agradables que los hermanos vivan unidos!'”.
“Esto es verdad. La hermandad es bella. Jesucristo ha llevado a su plenitud también esta experiencia humana de ser hermanos y hermanas, asumiéndola en el amor trinitario y potenciándola de tal manera que vaya mucho más allá de los lazos del parentesco y pueda superar todos los muros de la extrañeza”, señaló.
Cuando la relación entre los hermanos se arruina, “se abre el camino a experiencia dolorosas de conflicto, de traición, de odio”. Como ocurrió en el caso de Caín y Abel, que “constituye el ejemplo de este resultado negativo” y que continúa repitiéndose en cada generación y época, dijo el Papa.
“La pregunta de Dios a Caín: '¿Dónde está tu hermano?' no cesa de resonar a lo largo de la historia”, reconoció.
La relación de fraternidad que se forma en la familia entre los hijos “se produce en un clima de educación en la apertura a los otros, es la gran escuela de libertad y de paz”. Y “quizás, no siempre somos conscientes, pero ¡es la propia familia la que introduce la fraternidad en el mundo!”.
En esta experiencia “nutrida de los afectos y de la educación familiar”, la fraternidad “se irradia como una promesa sobre toda la sociedad y sobre las relaciones entre los pueblos”.
De esta manera, “la bendición que Dios, en Jesucristo, derrama sobre estos lazos de fraternidad, lo dilata de una manera inimaginable, haciéndolo capaz de traspasar toda diferencia entre naciones, de lengua, de culturas e incluso de religiones”.
“La historia ha demostrado suficientemente, por otra parte, que también la libertad y la igualdad, sin fraternidad, pueden llenarse de individualismo y de conformismo, incluso de intereses”.
En este sentido, “la fraternidad en la familia resplandece de modo especial cuando vemos el cuidado, la paciencia, el afecto con el que se rodea al hermanito y la hermanita más débil, enfermo, o que tiene alguna dificultad. Los hermanos y hermanas que hacen esto son muchísimos, en todo el mundo, y quizás no apreciamos lo suficiente su generosidad”, dijo Francisco.
Y “del mismo modo sucede para la fraternidad cristiana”. “Los más pequeños, los más pobres deben enternecernos: tienen el 'derecho'  de tomarnos el alma y el corazón”.
Cuando así ocurre, “cuando los pobres están como en casa, nuestra misma fraternidad cristiana recobra vida. Los cristianos, en efecto, van al encuentro de los pobres y débiles no para obedecer un programa ideológico, sino porque la palabra y el ejemplo del Señor nos dice que todos somos hermanos”.
Y éste “es el principio del amor de Dios y de toda justicia entre los hombres”.
En este punto, el Papa pidió rezar en silencio por los propios hermanos y hermanas y después subrayó que “hoy más que nunca es necesario volver a llevar la fraternidad al centro de nuestra sociedad tecnocrática y burocrática: entonces la libertad y la igualdad tomaran su justa entonación”.
Por último, Francisco pidió “no privar” a “nuestras familias por temor o por miedo, de la belleza de una amplia experiencia fraterna de hijos e hijas” y además, “no perdamos nuestra confianza en la amplitud de horizontes que la fe es capaz de traer de esta experiencia, iluminada por la bendición de Dios”.
Después de realizar los saludos en diferentes idiomas, el Papa Francisco habló en italiano sobre el tiempo de Cuaresma que comienza este miércoles. “Es un tiempo favorable para intensificar su vida espiritual: que la práctica del ayuno les sea de ayuda, queridos jóvenes, para obtener el dominio de ustedes mismos; que la oración sea para ustedes, queridos enfermos, el medio para confiar a Dios sus sufrimientos y sentir su presencia amorosa; y que las obras de misericordia los ayuden, queridos esposos, a vivir vuestra existencia conyugal abriéndola a la necesidad de los hermanos”.

martes, 27 de enero de 2015

Francisco propone combatir la globalización de la indiferfencia

Cuaresma 2015: Papa Francisco propone tres pasajes para combatir globalización de la indiferencia

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Cuaresma 2015
Cuaresma 2015 "Fortalezcan sus corazones" / Foto: Dominio Público
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VATICANO, 27 Ene. 15 / 11:16 am (ACI/EWTN Noticias).- Dios no es indiferente con nosotros, conoce nuestro nombre y nos cuida, afirmó el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2015, en el que propuso a los fieles tres pasajes para reflexionar y renovar su encuentro con Cristo y así combatir la globalización de la indiferencia.
Cada uno de nosotros le interesa a Dios, “su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia”, señaló el Papa.
Sin embargo, advirtió que “esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial” y es también una tentación para los cristianos.
Por ello, propuso a los fieles tres pasajes para reflexionar, renovar el encuentro con Dios y así no ser indiferentes:
El primero es “Si un miembro sufre, todos sufren con él” – La Iglesia.
En este pasaje, Francisco explica que con sus enseñanzas y testimonio, la Iglesia ofrece la “caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia”. Sin embargo, nadie puede testimoniar lo que antes no ha experimentado, como ocurrió el Jueves Santo, cuando Pedro comprende que el servicio de lavar los pies los unos a los otros “sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen ‘parte’ con Él y así pueden servir al hombre”.
“La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él”, afirmó Francisco. “Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia”, añadió.
En ese sentido, recordó que la Iglesia es “communio sanctorum porque en ella participan los santos” y que en esta comunión y participación en las cosas santas, “nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos”. “Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos”, afirmó.
El segundo pasaje es “¿Dónde está tu hermano?” – Las parroquias y las comunidades.
El Papa pide llevar a la vida de las parroquias y comunidades lo que se ha dicho para la Iglesia universal. “¿Se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada?”, preguntó.
Por ello, Francisco pidió unirse en la oración con la Iglesia en el cielo, junto con los santos “que encontraron su plenitud en Dios” y que gracias a la muerte y la resurrección de Jesús “vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio”. “Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos”, afirmó.
Por otra parte, recordó, “toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres”.
“Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”, expresó.
El tercer pasaje es “Fortalezcan sus corazones” – La persona creyente.
Francisco alertó que “como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. “Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?”.
Indicó que en primer lugar se debe orar en comunión de la Iglesia terrenal y celestial. “No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración”, afirmó.
En segundo lugar invitó a “ayudar con gestos de caridad” hacia las personas cercanas y lejanas. “La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad”, indicó.
“Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos”, señaló.
Francisco indicó que “tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios”.
“Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro”, añadió.
Finalmente, invitó a orar "Fac cor nostrum secundum Cor tuum": "Haz nuestro corazón semejante al tuyo" (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús), para tener “un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia”.